martes, 21 de agosto de 2012

QUE ES LA GUARACHA ?




La guaracha es un género musical y un baile originarios de Cuba que se desarrolló y popularizó en los años 40 con los arreglos ejemplares de las famosas orquestas cubanas, Arsenio Rodriguez la Sonora Matancera, Nelo Sosa y su Conjunto Colonial el Conjunto Casino, Machito, José Curbelo.
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 Estas orquestas marcaron un sonido que las llevaría en los 50 a ser las orquestas más famosas de Cuba, tanto dentro como fuera de la isla. Otros músicos como José Curbelo, machito, la Sonora Matancera y Arsenio Rodríguez llevaron la guaracha a Nueva York haciéndola popular, y a la cual le darían un nombre comercial salsa, en los años 70 en la ciudad de Nueva York. Los instrumentos utilizados en la guaracha son: timbales, bongo, conga, guiro, maracas, trombon, saxofón, trompetas, piano, bajo, cencerro.

El vestuario de la guaracha

Se vestía igualmente con pañuelo anudado en la cabeza, y sobre él un sombrero alón, pantalón ceñido a la cintura y patas acampanadas, camisa por fuera, anudada al frente, una argolla en una oreja, y también pantuflas de piel de venado que sonaban jactanciosamente al caminar. Este personaje respondía también al nombre y actitudes de negro curro.

La guaracha, estilos y canciones

La guaracha, como estilo de canción, de ritmo rápido y texto jocoso siempre describió algún hecho político o social, alguna situación sobre un personaje popular o alguna actitud que se describía en forma picaresca caracterizando el choteo criollo: una versión asimilable en sus prácticas y usos con el actual Reggaetón, salvando distancias físicas y temporales. En esto intervinieron cantadores populares que compusieron muchas guarachas que aparecen criticadas por los escritores costumbristas, las que no aparecen publicadas en colecciones por considerarse de aquel lenguaje "rufianesco", pero que sí se trasladaron por tradición oral. Al respecto dice el Regañón de La Habana el 20 de enero de 1801:
Pero sobre todo lo que me ha incomodado más... ha sido la libertad con que se entonan por esas calles y en muchas casas una porción de cantares donde se ultraja la inocencia, se ofende la moral... por muchos individuos no sólo de la más baja extracción sino también por algunos en quienes se debía suponer una buena crianza... ¿Cómo es posible que haya quién guste oír cantar la Morena, que es la canción menos mala quizás de cuantas corren por ahí en boca del vulgo?... ¿Que diré de la Guabina que en la boca de los que la cantan sabe a cuantas cosas puercas, indecentes y majaderas se pueda pensar?...
Pero a pesar de las críticas ya en 1867 se publicaba un librito con las guarachas más conocidas, publicada su segunda edición "corregida y aumentada con veinte guarachas de las más recientes". Se trata de Guarachas cubanas, curiosa recopilación desde las más antiguas hasta las más modernas, recopilación sin autor publicada por la Librería La Principal, Plaza del Vapor, La Habana 1882. Aunque en el libro aparecen 95 guarachas, no se consignan La morena ni La Guabina y otras criticadas por el Regañón, que publicó su periódico desde 1800 hasta 1806. Además, el lenguaje que aparece en ellas es muy correcto aunque emplean algunas veces frases populares, o imitación al habla del negro, aunque no el lenguaje bozal introducido por Bartolomé Crespo Borbón, Creto Gangá.
Parece ser que la época de mayor auge de la guaracha es la que señala Rine Leal, a partir de los bufos, pasada la primera mitad del siglo XIX. El uso de la parodia de obras clásicas, el arraigo de los personajes y temas del teatro cubano, hizo que la guaracha tomara parte integral de las obras, y en ellas se reflejaran usos y costumbres de la vida cubana "centrado en mulatas de fuego y azúcar, desafiantes negros, dichosos guajiros, chinos de Cantón, rumbas del manglar, ñáñigos en su fambá, frutas y comidas criollas, vividores y beatas, ninfas trigueñas y niñas encantadoras, todo visto y comentado con excelente humor, picardía y sabrosura.
Leal, Rine, La Selva Oscura, p. 20.
"La Compañía de bufos, nos consta, tiene un extenso repertorio de sandunguerísimas guarachas... Además el autor de esas guarachas forma parte de la compañía, y claro es que con un poco de trabajo puede dar novedades a menudo."
"No se trata, —dice Rine Leal— de música importada en la obra debido a su gracejo popular, sino compuesta especialmente y creada por el autor de la pieza o por miembros de la compañía que trabajaban en un verdadero equipo" Desde luego, el autor vertía sus criterios, su mundo subjetivo, decía "como él pensaba que pensaba el negro", sin importarle a veces la realidad pensante, los sentimientos ni la vida real de aquel personaje que él caricaturizaba.
Aquí vemos como desde principios del siglo XIX se conocían ya guarachas calificadas entonces por Esteban Pichardo como "canto y baile de la gentualla", las cuales se incorporan al teatro bufo por una parte, y por otra se incorpora el término al léxico popular cubano. Otro término que se incorpora y que usaremos hasta nuestros días es la palabra sandunga, como sinónimo de gracia criolla, que encontraremos copiosamente utilizada a través de dos siglos hasta la actualidad en que la encontramos en Juan Formell en su guaracha "Por encima del nivel".
Algunas contradanzas, muchas de ellas con temas tomados de antiguas guarachas muy popularizadas tienen señalados, como aire y tempo "con sandunga" en lugar de allegretto con grazia, término italiano que se usa en las obras musicales. En la contradanza El Sungambelo, el tema de la primera parte está basada en una antigua guaracha del mismo nombre que decía:
Las críticas a las viejas presumidas, a los viejos verdes, a las comidas, a todo lo que en la vida cotidiana puede servir para burla, escarnio, choteo, edulcorado con frases como mulatica de azúcar, con fuego en la mirada, aparecen en otros textos del libro Guarachas Cubanas antes mencionado. Tanto Rine Leal como Mary Cruz comentan el paisaje humano descrito en aquellas guarachas en las que la realidad era presentada por los puntos de vista de sus autores. Y en lo que coinciden José Crespo Borbón y Víctor Patricio de Landaluce es en "el descubrimiento de una porción fundamental de la existencia cubana, la representada por la población negra —libre y esclava— y porque ambos se dejan seducir por sus más superficiales aspectos, por sus apariencias pintorescas sin ahondar jamás su verdadera esencia humana" (Mary Cruz, Creto Gangá).
Y no deja de tener interés, por lo menos informativo, de cómo era la vida popular, la de los negros y blancos pobres, la de los emigrantes, de los cuales en ningún momento hubo interés en publicar sus poesías, mucho menos su música la que hoy se puede reconstruir sólo por la interpretación que se haga de aquellas descripciones. Muchas frases populares, que se repitieron por tradición oral hasta perder su significado o adquirir otros, como !Oyelo bien, Rubén! o !Suelta el peso, que es del rancho! están ampliamente descritas en los textos de sus guarachas respectivas. Otras costumbres, sobre comidas, bautizos, guateques, los bailes de moda, el vestuario —el sungambelo y el malakof—, las referencias al carácter, la timidez del campesino, la desfachatez del alardoso, la coquetería de la mulata, no hubieran sido conocidas sin la presencia de aquellas crónicas del acontecer social del siglo XIX.
En cuanto a su estructura dice Argeliers León (Del Canto y el Tiempo. 1974): "La guaracha surgió como canción con cuartetas diferentes, que en muchos casos se improvisaban haciendo referencia a cosas o sucesos en forma indirecta o de sátira e intercalaban siempre un estribillo. La guaracha no va a ser más que la alternancia de solo-coro que hemos visto ya como un elemento formal generalizado en nuestra música".
Alejo Carpentier también señala la transformación del teatro en el siglo XIX:
Lo importante, —dice— en esta evolución del teatro bufo cubano es la cabida cada vez mayor que da a los géneros musicales de la isla. María Rosa habla "en negro" pero también canta "en negro" ... Se rascan güiros, siempre aparece un personaje tocando el tiple. La seguidilla, el villancico, el aria tonadillesca, han cedido su puesto a la guajira, la guaracha, a la décima campesina, a la canción cubana, cuando no a ciertas composiciones más libres, que pretenden expresar el carácter de los negros cheches, horros, o de nación, así como los negritos catedráticos erigidos en tipos tradicionales... Un excelente autor de guarachas, Enrique Guerrero, director de compañías de bufos... en 1879 publicó La Belén, para dos voces, coro y orquesta, que es, por su estructura una tonadilla escénica criolla.
Alejo Carpentier, La Música en Cuba, 1946.
La guaracha siguió el camino y función que tenía en el teatro. Toda obra del teatro vernáculo terminaba con un "fin de fiesta" cantado por un dúo una artista o bien por toda la compañía. De este modo, al iniciarse la producción de discos de ortofónica, se grabaron muchas pequeñas obras, similares a los sainetes, que duraban sólo los tres minutos de la placa. En estos discos se iniciaba, desarrollaba y concluía la pieza con una guaracha, que más tarde llamaron "rumba final". La difusión del disco, la popularidad de aquellos estribillos, y sobre todo, la actualidad del asunto que se abordaba, hicieron que se incluyeran muchos de ellos en el lenguaje coloquial del pueblo, que se divulgaran por toda Iberoamérica donde se distribuían comercialmente aquellos discos. Esta transmisión oral, esta apropiación de frases lexicalizadas, la repetición de la música con múltiples variantes, permitió que estas guarachas y rumbas se cantaran en muchos países latinoamericanos y regresaran a España por varias vías, la del disco, la de emigrantes a su vuelta, la de artistas del teatro, etc. Claro que el proceso de transculturación produjo nuevas versiones, en el lenguaje musical y danzario del país que acogía aquellos cantares.
"Se conservan grabaciones de los artistas del teatro vernáculo de guarachas y rumbas que no se diferencian entre sí en el acompañamiento de las guitarras —cuando se trataba de un pequeño grupo, dúo o trío— o por la orquesta del teatro o un piano. Las etiquetas de los discos decían: "diálogo y rumba" (Linares 1998 p 130).
El cantaor Pepe de la Matrona estuvo en Cuba cerca de catorce años, asistió a las funciones del Teatro Alhambra y se aprendió muchas de aquellas rumbas expresándolas en España en su lenguaje musical, el cante flamenco. Son muchos los discos cubanos que aparecen repetidos en sus variantes por este cantor y muchos otros cantaores que las han incluido en sus repertorios. Pepe de la Matrona llevó a la expresión del cante flamenco guarachas como Cabo de la Guardia, El pescao, A la voz de fuego, Acelera Ñico, acelera, No te mueras sin ir a España y muchas otras, de las cuales sólo las personas muy mayores se acuerdan, pues no existen partituras al no haber sido valoradas en su momento, quizás por ser de muy corta duración, como estribillos que podían haber sido improvisados y trasmitidos por tradición oral, o porque permaneciera aquel prejuicio de "música de la gentualla".
El regreso de estas guarachas a España fue un hecho similar al ocurrido en el siglo XIX con las danzas cubanas, las habaneras y los puntos de La Habana, que fueron asimiladas por las familias de emigrantes vinculados a Cuba y tomaron un carácter y expresión distinta a la original cubana, pero de todos modos influyeron en lo que hoy se califica como "cantes de ida y vuelta" por los musicólogos españoles y se mantienen en la tradición de muchas comarcas.
De aquella etapa de los inicios de este siglo, una de las que alcanzó mayor popularidad fue la guaracha de Manuel Corona (l880-l950), El Servicio Obligatorio, que grabó María Teresa Vera con Rafael Zequeira. Se trata de una guaracha que se burla de los solteros o amancebados que se casaban precipitadamente para evadir la ley que se firmó al iniciarse la Primera Guerra Mundial en l9l4. Para cualquier ocasión en que se trataba de rehuir una responsabilidad se le cantaba: Se te acaba la fama de tenorio / óyelo bien, Rubén, óyelo bien.
Al introducirse el son en La Habana, los septetos y conjuntos incrementaron sus repertorios incluyendo guarachas tradicionales con la adición de un montuno, a lo que llamaron guaracha-son y de esta manera se fue transformando aquel ritmo muy segmentado, pero fundamentalmente cantable, en forma de son de tempo más acelerado. El tema de la mujer del pueblo, negra o mulata, que había aparecido en el siglo XIX se mantenía con el mismo espíritu al celebrar su gracia y belleza, su imprescindible presencia
Al convertirse en son, la guaracha dejó para muy pocos conjuntos su uso como canción. Hubo autores que componían casi exclusivamente este género, como Ñico Saquito (Antonio Fernández, Santiago de Cuba, 1902-81), siendo su obra más famosa Cuidadito Compay Gallo (1930), que popularizó el Trío Matamoros. Otros fueron Bienvenido Julián Gutiérrez (1900-66) (Azúcar pa un amargao, Sensemayá, El diablo tun tun); Sergio Siaba (El cuarto de Tula), Marcelino Guerra (Pare, cochero).
La guaracha se ha diluído en muchos géneros actuales. El son, el chachachá y toda una serie de variantes siguen haciendo uso del humor criollo después de doscientos años. Se ejecuta por orquestas charangas en forma de chachachá: la Orquesta Aragón con Pare cochero; la orquesta de Neno González, con El diablo tun tun; y por último una de las más significativas, ejecutada por un conjunto con elementos sonoros electroacústicos, y de la mayor actualidad, la orquesta de Juan Formell, interpreta una titulada Por encima del nivel que utiliza el calificativo más usado en el siglo XIX y que aún conserva vigencia para aquel sentido de gracia criolla que se le atribuyó a la mulata: sandunguera.
La única diferencia es que la expresión parte ahora de una identificación de clase. Es la misma mujer integrada en nuestra sociedad la que baila desprejuiciadamente, que se le celebra su gracia, y se lo dicen un creador y un intérprete que saben que ella es así y no como ellos piensan que debe ser. Es el reflejo de nuestra sociedad actual, en la que todos bailan al mismo ritmo y con la misma expresión. Por su gracia la mulata sigue siendo objeto de celebraciones, por hombres que, como el cantante que ejecuta esta guaracha, es un miembro de nuestro pueblo con una imagen artística similar a la del negro curro, pero actual: argollita de oro en la oreja izquierda, sombrero alón y formas y expresiones jacarandosas como buen cubano.
En la cancionística actual han aparecido otras guarachas, que, como las primeras, chotean un acontecimiento o una medida necesaria —La vaquita Pijirigua, de Pedro Luis Ferrer, y no es la única—, en la que se burla de acontecimientos sociales que resultan rechazables, y es una manera de contrarrestarlos, de minimizarlos. Así se han enfrentado contradicciones se ha dado respuesta a campañas, se han criticado actitudes pusilánimes, y de esta forma la guaracha ha continuado su función de noticia y crónica. Se han utilizado recursos literarios en un proceso intelectivo poco usual cuando se recurre a lo cotidiano. Por último queremos valorar la actualidad que alcanza esta guaracha de Pedro Luis Ferrer, en la que señala las expresiones coloquiales propias del habla del cubano, de forma jocosa a veces hilarante, lo que contribuye a meditar sobre la necesidad de aplicar normas educacionales —como se está procurando ahora—, para que no se nos vaya de la mano la belleza y elegancia de nuestro idioma mientras sonreímos ante la gracia de nuestro humor criollo.
Otro recurso empleado por este autor es el de la décima de versos truncos como la empleara Miguel de Cervantes en el Quijote.
La guaracha ha llegado a ser un signo de identidad cubana que permanecerá mucho más de los dos siglos que llevamos disfrutándola, sobre todo si se alcanza la calidad y permanencia de sus valores intrínsecos, sus rasgos inmutables, su expresión en un lenguaje correcto, ni chabacano ni pornográfico como algunas, que obviamente no mencionamos, que se prohibieron por la antigua Comisión de la Decencia, en este siglo y que fueron cantadas sotto voce por muchas personas, siendo aún más criticables que las antiguas Morena y Guabina.

Bibliografía

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